Por: Claudia Padrón Cueto
Con un lenguaje coloquial y desenfadado Manuel Calviño cautiva a quienes lo escuchan. Defensor del pensamiento crítico, no desde la posición de francotirador, sino como sujeto activo, señala las vías para mejorar nuestra universidad en aras de hacerla más participativa y romper con intolerancias que frenan el debate.
Con una amplia experiencia en la docencia define hoy cómo su gran misión ponerse a disposición de los jóvenes y no imponerles dogmas que callen sus criterios
Usted ha formado en las aulas a muchos cubanos. ¿Qué distingue a los jóvenes de hoy de las generaciones precedentes?
“Debemos entender el concepto generación no solo como un grupo de personas que coinciden en espacio y tiempo, sino también como individuos que asumen una misión, una responsabilidad ante los problemas sociales. Por ejemplo la generación del centenario no se define por reunir hombres de una misma edad, sino porque todos asumieron un compromiso.
“Hoy en Cuba hay varias generaciones de jóvenes muy diferentes.Encontramos una comprometida con el desarrollo del país y con la nación que estamos construyendo; pero también hay otra apática, insensible, dedicada a proyectos sin impacto general. Estos muchachos rompen con su identidad y cometen un suicidio generacional
“Nosotros, los profesores, tenemos la responsabilidad de abrirles los ojos hacia el futuro en aras de que se conviertan en sujetos y protagonistas de la historia.
Insisto en que no podemos generalizar. No todos los jóvenes son iguales, no piensan de la misma forman, ni tienen semejantes aspiraciones. Debemos salir del discurso “todos los cubanos somos…” porque en realidad somos diversos. Hay disímiles modos de sentir este país y de defender el alma cubana”
¿Cómo no perder esa alma cubana a la que se refiere?
“El alma cubana es un sentimiento de identidad, de compromiso con tu país y con tu época. Es indispensable cuidar este sentimiento porque un pueblo sin alma no existe. Para ello debe dejar de ser un espíritu de cada cual para convertirse en un alma compartida. Eso solo se consigue con la interacción de personas que dialoguen con sus diversos puntos de vista y aúnen deseos de ascenso colectivo. Para salvar esa alma hay que darle a la gente dos cosas esenciales: alas para volar y raíces, para crecer fuertes”
¿A su juicio cuáles son las debilidades y fortalezas de la universidad cubana?
“Desde la firma de la reforma universitaria en 1962, las casas de altos estudios en Cuba han reafirmado sus ideales de justicia social. Tenemos una universidad muy justa, al alcance de todos, disponible para quienes desean servir a la causa del conocimiento; pero hay modelos pedagógicos que han caducado y políticas erráticas que no dan resultados positivos.
Hoy necesitamos centros más participativos, que promuevan un debate abierto y concensuado. No debemos seguir con modelos dirigidos verticalmente porque a los jóvenes no tenemos que decirles siempre a dónde dirigirse, ni cómo hacer las cosas, sino ponernos a su disposición para lo que necesiten”
La televisión influye directamente en los jóvenes ¿Cuál es la responsabilidad de este medio a la hora de emitir productos comunicativos?
“La mayor responsabilidad está depositada en aquellos que producen contenidos atractivos para este sector. A una parte de los jóvenes cubanos los educa más David Calzado que yo, pues orientan su aspiración hacia él. Entonces David debe concienciar que no es solo un salsero sino también un educador debido al acto impacto que tiene en este grupo generacional.
Por ello los reguetoneros deben autoevaluarse como transmisores de conductas, valores, modelos relacionales .No le pedimos que dejen de hacer su música sino que ofrezcan productos atractivos sin rozar la vulgaridad”
