Entérese UPR UPR

La extensión universitaria promotora del cambio y la transformación sociocultural.

Escrito por mneladi

* Discurso inagural de Rodolfo Alarcón Ortiz, Ministro de Educación Superior de la República de Cuba en el XIII Congreso Latinoamericano de Extensión Universitaria.

Estimados colegas:

Nos sentimos muy complacidos de que hayan aceptado la invitación de la Unión Latinoamericana de Extensión Universitaria (ULEU), el Ministerio de Educación Superior de la República de Cuba y las universidades cubanas, para participar en este décimo tercer Congreso Latinoamericano de Extensión Universitaria bajo el lema “La extensión universitaria promotora del cambio y la transformación sociocultural”.

La presencia de ustedes corrobora el poder de convocatoria del tema central escogido para esta cita académica. Su actualidad y trascendencia justifica el más amplio y abierto intercambio de ideas para así poder aunar inteligencias y voluntades, en pos de trazar claramente el papel de este importante proceso universitario y perfilar los caminos que deben conducir a resultados superiores en el cumplimiento de la misión social de las instituciones de educación superior en este complejo siglo XXI.

Han transcurrido casi 20 años de la celebración del I Congreso Iberoamericano de Extensión Universitaria en La Habana. De entonces a acá, se han materializado avances de los que dan cuenta las 12 ediciones anteriores de este evento.

Constituye para nosotros motivo de gran satisfacción sostener este encuentro con ustedes, directivos y extensionistas de todo el continente, con el propósito de compartir ideas, experiencias, preocupaciones, tendencias y apreciaciones sobre la extensión en las circunstancias en que se desarrolla en el mundo de hoy.

Desde los diferentes roles que me han tocado asumir a mi paso por la academia, he ido construyendo algunas visiones sobre la extensión y su papel en el contexto universitario, algunas de las cuales me gustaría compartir con ustedes.

Estimados colegas:

América Latina se ha adentrado en una nueva época y ha avanzado en sus objetivos de independencia, soberanía sobre sus recursos naturales, integración, construcción de un nuevo orden mundial, justicia social y democracia a niveles superiores a los de cualquier otro período histórico. No obstante, como se ha reiterado en numerosos foros internacionales, aún sigue siendo la región más desigual del planeta.

Los más recientes informes de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) exponen que esta área ha logrado disminuir los niveles de indigencia y de pobreza y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce que la reducción de estos dos indicadores ha llevado aparejada la disminución del hambre. A pesar de los avances mencionados, 165 millones de personas afrontan situación de pobreza y de ellas, 69 millones viven en condiciones precarias. Los jóvenes, en particular, se encuentran entre los grupos más vulnerables. Baste examinar los datos siguientes: la tasa de pobreza de los jóvenes entre 15 y 24 años es 1,9 veces superior a la de las personas mayores de 55 años; sólo el 57% de la población con edades entre 20 y 24 años ha logrado completar los estudios secundarios, y dos tercios de la nueva generación no llega a la universidad.

Las investigaciones emprendidas en los últimos años por diferentes entidades y organizaciones confirman la relación entre educación, pobreza y desarrollo. Hoy existe consenso acerca de la necesidad de garantizar acceso universal a la educación y a la educación superior de calidad como vías para erradicar la pobreza, conscientes de que resulta imposible prosperar con equidad y superar la brecha que separa a la mayoría de los países de los estándares más altos, si no se logra el desarrollo en materia educativa.

La Declaración de la Conferencia Regional de Educación Superior en América Latina y el Caribe (2008) destaca al respecto: “En un mundo donde el conocimiento, la ciencia y la tecnología desempeñan un papel de primer orden, el desarrollo y el fortalecimiento de la educación superior constituyen un elemento insustituible para el avance social, la generación de riqueza, el fortalecimiento de las identidades culturales, la cohesión social, la lucha contra la pobreza y el hambre, la prevención del cambio climático y la crisis energética, así como la promoción de una cultura de paz”.

Este planteamiento sitúa a las universidades importantes desafíos en términos de incremento del acceso y de los índices de titulación; de preparación de los docentes en los ámbitos científicos, pedagógicos y humanistas; de aumento de la oferta de carreras que respondan a las necesidades del desarrollo; de impulso a la innovación a partir de nuestra inserción en la economía del conocimiento y de crear o desarrollar redes que conecten de manera eficiente la producción científica. Lograr la excelencia de nuestras instituciones, supone superar tales retos, lo que solo es posible desde una gestión eficiente de su sistema de procesos, donde la extensión universitaria está llamada a ser una pieza clave.

En Cuba defendemos el modelo de una universidad humanista, moderna y universalizada; científica, tecnológica e innovadora; integrada a la sociedad y comprometida con la Revolución. El escenario actual se caracteriza por la integración institucional de las universidades de diversos perfiles, lo que posibilitará contar con universidades más fuertes y con mayor capacidad para responder a las demandas cada vez más complejas que la sociedad nos plantea.

El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, realizado en abril de 2011, al referirse a la educación superior se pronunció explícitamente, entre otros asuntos, por elevar el rigor y la efectividad de todo el proceso docente educativo para incrementar la eficiencia académica y por actualizar los programas de formación e investigación de las universidades en función de las necesidades del desarrollo.

Estimados colegas:

Hoy se habla mucho de la llamada “tercera misión” de la universidad, por su papel activo y directo en el desarrollo social y el crecimiento económico de los países. Los latinoamericanos tenemos un digno antecedente regional en la Reforma de Córdoba de 1918 en Argentina, que ya reclamaba la necesidad del “fortalecimiento de la función social de la universidad (…) la proyección al pueblo de la cultura universitaria y la preocupación por los problemas nacionales”.
La extensión universitaria ha sido por razones históricas, epistemológicas o de otra índole, la función más preterida y olvidada en nuestros sistemas universitarios.

Surgida en nuestro continente al calor del movimiento reformista de Córdoba, Argentina, en 1918, se destacó en estos primeros años por una labor asistencialista dirigida esencialmente a brindar “migajas” del saber universitario a aquellos que no podían acceder a las aulas universitarias. Tal postura o posición se mantiene hoy en muchos espacios universitarios del área, donde la extensión no trasciende los límites de “dádiva cultural”. Estas instituciones manifiestan desde este proceso una relación del saber institucionalizado dirigiéndose a quien no lo posee.

Otra fuerte tendencia es aquella que se viene desarrollando desde hace unos años, buscando convertir las prácticas extensionistas en fuente de ingresos económicos, llegando a considerar la universidad como una especie de “estación de servicios” y a la sociedad como “cliente” que requiere ser complacido.

Tal perspectiva se aleja de la vocación inicial surgida al calor de la reforma cordobense y provoca que la universidad asuma posturas que rebasan por completo los marcos de su misión social, aun cuando las complejas condiciones que enfrentan las universidades para garantizar el financiamiento de sus procesos explica hasta cierto punto esa visión de la extensión. No obstante, las universidades que asumen esta postura se orientan a la transferencia tecnológica y a la actualización y capacitación de los profesionales, movidas esencialmente por intereses económicos.

Si bien estas son las coordenadas esenciales de los modelos actuantes en materia de extensión universitaria, la mayoría de los estudiosos del tema refieren la necesidad de transitar hacia el modelo de desarrollo integral, el cual perfila la extensión desde una universidad abierta, crítica y creativa, que parte del concepto de la democratización del saber y asume la función social de contribuir a la mayor y mejor calidad de vida de la sociedad, a partir de un diálogo interactivo y multidireccional con los diferentes actores involucrados en la relación. La extensión desde esa universidad no aporta solamente al crecimiento cultural, sino también a la transformación social y económica y a su propia transformación.

Desde esta perspectiva las transformaciones a realizar son trascendentes y permanentes y el reto fundamental se concentra en esta dimensión: cambiar con rapidez y anticiparse a las necesidades. Para responder a tales exigencias la universidad tendrá que modificar sus actuales fórmulas de interacción con el entorno, lo que se convierte en otro reto. Se trata de “medir el pulso” e interpretar las necesidades sociales de manera que pueda potenciar el diálogo y dinamizar su capacidad de respuesta.

Nuestro país cuenta con un Programa Nacional de Extensión Universitaria que con rigor científico y lenguaje asequible permite visualizar y comprender la extensión como proceso. Las claves del éxito del diseño del Programa radican en sus nexos con la política cultural cubana y la posibilidad de materializar mayores niveles de concreción de la estrategia en acciones, así como por expresar los conceptos y formas de gestión y acción vigentes y ser fruto del análisis y pensamiento colectivo.

No obstante, en general, el Programa no se ha convertido suficientemente en un instrumento de gestión del proceso de extensión y en consecuencia se continúan manifestando insatisfacciones en la vinculación de la extensión con los restantes procesos universitarios, en el dominio de sus referentes teóricos-metodólogicos, en la adecuación del Programa a las peculiaridades de cada universidad, en la concepción creativa de la labor extensionista y en los niveles de implicación-motivación de los actores involucrados en su gestión.

Si bien esta labor amerita continuar desbrozando los nexos entre los procesos universitarios y sus interrelaciones, trabajar en la capacitación de los recursos humanos, potenciar el intercambio de las mejores prácticas, esforzarse por elevar los niveles de motivación por la actividad extensionista y diseñar esquemas de estimulación más orgánicos; la clave es llegar a comprender el alcance real de la extensión y el papel que está llamada a jugar en la búsqueda de un mayor enaltecimiento de las universidades y convertir al Programa en un real instrumento de gestión.

Poniendo en práctica el Programa y articulando sus lineamientos, la extensión en las universidades dejaría de ser un conjunto de acciones dispersas, lideradas por un departamento o un grupo de personas, para convertirse en un proceso lleno de actores conscientes, protagonistas de su crecimiento espiritual y colectivo y que puede transformar la comunidad a la que pertenecen o a la que se vinculan.
Todo lo anterior ratifica la actualidad de la visión programática frente a los nuevos desafíos que se plantean a la labor extensionista, ya que la valoración de las tendencias que caracterizan la extensión universitaria latinoamericana denota la acentuada adopción de este término para designar la función, en detrimento de otros que se emplean puntualmente en algunos países o áreas geográficas; la asunción del proyecto como forma organizativa básica de la labor extensionista y el creciente reconocimiento al papel dinámico que adopta la extensión en el cumplimiento de la función social de la universidad, sin menoscabo del aporte de los restantes procesos y el valor de su integración sistémica.

En general la extensión universitaria debe incidir de manera más orgánica en el cumplimiento del encargo social de la universidad, y en particular en la formación integral del futuro profesional. Sus características y la metodología que emplea la dotan de un dinamismo tal que favorece una comunicación armónica con el entorno y permite a la universidad dar respuestas ágiles y acertadas a la sociedad, en consonancia con sus reclamos, sin que para ello suplante a los restantes procesos o funciones universitarias.

El principal indicador que debe ser utilizado para medir la pertinencia y calidad del proceso extensionista que se desarrolla en las universidades está en el desarrollo de las capacidades axiológicas que se formen a partir de las exigencias del modelo del profesional y en particular en la formación de valores asociados al desarrollo de la vocación de servicio propia de un profesional comprometido con su sociedad. En tal sentido, si bien resulta indiscutible el papel que la extensión está llamada a jugar en función de propiciar al estudiante el acceso a elementos de la cultura en sentido amplio, no se han explotado todas las potencialidades, en tanto estos no se han preparado para asumir protagonismo en el proceso.

En resumen lo que se impone es llegar a comprender el alcance real de la extensión y el papel que está llamada a jugar en la búsqueda de una mayor visibilidad y reconocimiento de las universidades.

Se trata de una realidad posible y necesaria. La extensión universitaria puede realizar una importante contribución a la universidad en las condiciones actuales en que la defensa de la identidad, y el tránsito hacia estadios superiores, marca la impronta de todas las instituciones socioculturales y en particular de las del ámbito educativo.
A casi un siglo de esa Reforma, que marcó un antes y un después en la educación superior en América Latina y el Caribe, consideramos oportuno profundizar en el concepto de extensión universitaria, dándole el necesario peso a lo económico de forma armónica con la visión social y ambiental del desarrollo, y proyectarnos como universidad innovadora, por una mayor integración de las funciones universitarias tradicionales de formación, investigación y extensión, con una elevada pertinencia en función del desarrollo sostenible inclusivo de nuestros países.

Estimados colegas:

Nos encontramos enfrascados en la preparación del 10mo. Congreso Internacional de Educación Superior, Universidad 2016, que se celebrará en el próximo mes de febrero, el cual hemos acordado dedicar a un tema que dará continuidad al evento anterior: “Universidad Innovadora por un Desarrollo Humano Sostenible”, ya que consideramos esencial la integración y la innovación para forjar una universidad socialmente responsable.

En su convocatoria expresamos algunas ideas para propiciar el debate, entre ellas que la universidad debe estar articulada con el desarrollo humano sostenible, más allá del necesario crecimiento económico.

Quisiera detenerme unos instantes en este ámbito con el objetivo de destacar que a nuestro juicio la extensión universitaria y sus actores tienen mucho que aportar a este debate en el que se trata de superar el concepto estrecho de las relaciones universidad sociedad, camino en el que se requiere de nuevas vías y métodos que favorezcan su realización.

Si tal y como se plantea, para la universidad la innovación supone el fortalecimiento de la investigación que aúne calidad y pertinencia y, a través de ello, la capacidad de producción y circulación de conocimientos, alineándolos con las necesidades y demandas de la sociedad, los sectores productivos, las comunidades y la sociedad toda; la extensión deberá favorecer un flujo de comunicación continua entre la universidad y la sociedad en el que se logren canalizar las necesidades y demandas sociales y se encaucen los saberes que fluyen de ambos interlocutores.
Tal encargo supone perfeccionar las propias pautas institucionales de la universidad, de manera que seamos ejemplo de innovación en nuestra propia gestión y en las maneras de relacionarnos con el entorno. Si convenimos que innovar es aprender a generar y usar conocimientos, a combinar y utilizar creadoramente conocimientos existentes para solucionar viejos y nuevos problemas y aprovechar las oportunidades; entonces coincidiremos en que en este campo también los extensionistas tienen mucho que trabajar y aportar en aras de conectar el conocimiento con los problemas y oportunidades y a los actores sociales que necesitan y pueden resolver esos problemas.

Compañeros y compañeras:

No puedo extenderme más en el tratamiento de este importante asunto, pero no podría concluir sin antes reiterar la magnitud de los desafíos que enfrenta la educación superior en general y en especial en el tercer mundo, en un contexto signado por las guerras, las crisis financieras y energéticas, el cambio climático, la devastación del medio ambiente, el empeño por establecer la unipolaridad y las enfermedades letales, entre otros problemas que amenazan con hacer desaparecer nuestra especie. Ello unido a la intención de imponer un pensamiento único y patrones culturales ajenos a nuestras realidades y nuestra historia, nos alertan acerca del papel que corresponde a nuestras instituciones en la preparación de las nuevas generaciones para construir una sociedad distinta y más justa.

Tal y como dijera el Apóstol de nuestra independencia: “[…] la madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la república y el remedio de su vicios, es sobre todo lo demás, la propagación de la cultura”. [OC, Tomo 13, p. 301]. Hagamos de esta máxima martiana nuestra bitácora en la labor extensionista, favoreciendo desde una universidad innovadora un flujo continuo de nuestros saberes como promotora del cambio y la transformación sociocultural.

Muchas gracias.
XIII Congreso Latinoamericano de Extensión Universitaria.
Palacio de las Convenciones.
La Habana, Cuba
1 de junio de 2015

Acerca del autor

mneladi

Profesor en Adiestramiento

Comments are closed.