Pinar por estos días está de fiesta. Hace 148 años que fue galardonada con el título de ciudad.
La historia cuenta que por mucho tiempo esta región fue nombrada Nueva Filipinas, y no fue hasta 1778 que alcanza su nombre actual.
Pero los relatos en cuanto al nombramiento como Pinar del Río y el alcance del título de ciudad, son dos narraciones diferentes.
Resulta que por el siglo XIX, la reina Isabel II aprueba, tras cuatro años de espera, la petición de los habitantes de la región- ya nombrados pinareños- para la firma del nombramiento de ciudad del más occidental de los asentamientos en Cuba.
La anterior denominación toma por fecha el 10 de septiembre de 1867.
Ha pasado casi siglo y medio de aquel decreto real, el cual reconocía los grandes progresos alcanzados por los habitantes de la zona y el crecimiento en algunas esferas sociales, sobre todo en el área económica- con el cultivo del tabaco.
Es este un buen momento para recapitular cada hecho y reflexionar sobre nuestras acciones y los planes por cumplir.
No basta con un retoque a nuestras más antiguas edificaciones, necesitamos rescatar algunas casi en el olvido y acometer proyectos de mantenimiento y reparación a tiempo.
Urge aumentar la vigilancia por mantener el equilibrio en las construcciones contemporáneas; pero a la par debemos esforzarnos más por sentirnos comprometidos para hacer de este espacio un mejor lugar para las presentes y futuras generaciones.
