Nos cuenta de sus inicios. Relata las historias de aquella bicicleta en la que recorría largas distancia e incluso iba a las reuniones y rendiciones de cuenta en el Partido. Rememora hazañas que ejemplifican sus deseos de trabajar.
Él nos habla de aquella cocinera a la que le dieron un carro, de sus compañeros de trabajo que luego tuvieron que cumplir -al igual que él -misiones “titánicas” en Vueltabajo o en el país.
Cuenta de sus retos, desasosiegos y triunfos, pero lo hace con un brillo en los ojos como quien está feliz de narrar su historia.
Ricardo Abreu Espinosa, fue el primer rector que tuvo la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca-por aquel entonces sede universitaria.
Recién graduado de Agronomía y Alimentos en la Universidad de La Habana, Abreu Espinosa funge por poco tiempo como docente de la misma, porque el destino le depararía otro camino.
Dice que su llegada al cargo estuvo marcada por su trayectoria laboral en San Juan y Martínez, donde dirigía el proceso de vinculación de todas las féminas de la Universidad de La Habana con la producción tabacalera, lo que llevó a un constante roce con el primer secretario de la más occidental de las provincias, el Comandante Julio Camacho Aguilera.
Corría el año 1971, cuando Camacho le orientó preparar las condiciones humanas y materiales para la nueva contienda pedagógica: la fundación de la sede universitaria en Pinar del Río.
“Ya para agosto de 1972 teníamos la estructura aprobada de la sede, pero no fue hasta octubre que dimos inicio al curso escolar porque nos quedaban especialidades o cursos introductorios que no habían terminado para esa fecha.
Cuando inició la Universidad, no fue en el local actual, sino en Antonio Rubio #232.Luego Camacho tomó una decisión sabia: que la escuela debía estar cerca del Instituto Preuniversitario, porque podíamos trabajar en la captación de estudiantes; además, estaba la facultad obrera por la noche, que constituyó una fuente aún más importante que el pre”, relata Abreu.
“Nosotros no teníamos cómo empezar el primer año de los cursos diurnos. Solo siete estudiantes logramos captar para que cursaran Agropecuaria. La universidad fue posible por el apoyo del Comandante Julio Camacho Aguilera y el Partido Comunista de Cuba. También, fue muy importante y decisiva la ayuda de los organismos, que aportaron los profesores y estudiantes, las aulas, albergues.
Teníamos carreras en las especialidades de Agronomía, Economía, Pedagogía, Derecho, Ingeniera en Estructura, Geología y Minas.”
-¿Y la ubicación de esos futuros profesionales?
“Como estábamos fortaleciendo la provincia con nuevos egresados universitarios, tenían que ser estos profesionales ubicados en su mayoría en el territorio, excepto los que pedían trabajar en la Isla de la Juventud porque ese era territorio, según Camacho, de todos los cubanos, y Pinar apoyaría siempre que fuese necesario.
Cuando se crea el Ministerio de Educación Superior en el 76, se decide crear los institutos superiores independientes. Perdimos una fuerza importante, profesores, edificaciones y materiales que pasaron a esos centros.”
Este señor con tantos recuerdos y que accedió a poner en común una etapa de su vida y de esta provincia, siente como suyo cada uno de los triunfos y derroteros de la UPR.
“No podemos ser egoístas con la historia. No podemos decir que fuimos los únicos, somos fundadores, sí, de los estudios superiores en Pinar del Río, pero antes de nosotros existían personas que ya estaban haciendo cosas por la educación en sentido general.
Tenemos ese alto prestigio de sentirnos hoy orgullosos por nuestra universidad, pero se lo debemos a aquellos que prestaron sus servicios al magisterio, incluso sin ser “fundadores”.
Pienso que es momento de crear una comisión que tenga representatividad de cada uno de los precursores de estas instituciones para juntos encauzar y hacer coincidir la historia, que al final, es una sola.”
La integración de hoy.
“Esta es una idea sabia e indispensable, porque tenemos un deterioro ya significativo de la pirámide técnico- investigativa en la educación superior”, expone Ricardo Abreu.
“Estamos hablando de que cuando se une todo este potencial humano y con alta categoría docente, se fortalece la preparación de los especialistas de un modo integral.
El mayor peligro es que la gente tiene que identificarse, sentirlo. Es necesario tener conciencia de este paso, un paso importante y que exige una contribución plena de todos sus actores para el buen funcionamiento del sistema de educación superior.”

