Nuevos “símbolos” decoran la arteria principal de Pinar del Río. Emplazados en la Calle Martí un arado americano, una Guayabita del Pinar, un tabaco, una hoja que combina naturaleza y ciudad y una columna reciben a visitantes y conviven con los residentes de la capital vueltabajera.
Polémicos son los criterios alrededor de la concepción de estas obras, sobre su ubicación, el orden de presentación, los méritos artísticos y la simbología como paradigmas identitarios del pueblo pinareño.
Para entender estas y otras incógnitas nos remitimos a la génesis del proyecto, concebido como parte de la reanimación por el 150 Aniversario de la concesión del título de ciudad a Pinar del Río.
Nace una idea
Hace dos años Arquitectos de la Comunidad, el Consejo Asesor para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria (CODEMA) y el Gobierno Provincial convocaron un concurso para embellecer el separador de la conocida Calle Real.
“La propuesta aprobada fue la de los pinos y los bancos azules que imitan las aguas de un río, muy a tono con el nombre de la provincia. Además, resultaba funcional: rescató la vida citadina y embelleció la avenida,” expresó Yoan Lorenzo, director del Consejo Provincial de Artes Plásticas.
La estructura quedó inconclusa, pues para el aniversario 150 de la ciudad no pudieron ubicarse las esculturas que vemos hoy, concebidas desde la fase inicial.
“Este año trabajamos con sistematicidad para emplazar las estructuras para el 151 Aniversario y lo cumplimos”, añade Lorenzo.
El concepto parte de colocar los elementos desde los más simples a los más contemporáneos con las regulaciones de Planificación Física en cuanto al tamaño, altura y el empleo de materiales duraderos como el mármol, el hierro y el cemento.
“Comenzamos- explica Lorenzo- con un arado, instrumento noble de trabajo, típico de los campos pinareños; después la guayabita del pinar, autóctona de nuestros campos; un tabaco ícono de la identidad pinareña; la hoja de la solanácea que combina dos elementos: naturaleza y ciudad; y la columna representativa de la arquitectura de Vueltabajo”.
Los autores son artistas plásticos con una destacada trayectoria dentro y fuera del territorio, entre ellos Julio César Ortiz, Marcos González, Abel Morejón, Bárbaro Abascal, Nelo, Tamara Campo y el Proyecto Fidias.
Todavía faltan dos obras por ubicar en el paseo de la Calle Real: las botas como símbolo del hombre (en su lugar, de forma provisional, la escultura La Pájara Pinta) y dos láminas blancas entrelazadas y evocan el progreso y desarrollo de Pinar del Río en estos años.

Luces y Sombras en la Calle Martí
Si bien es cierto que gran parte de la población pinareña agradece los esfuerzos para renovar la otrora Cenicienta, profesores de la Universidad de Pinar del Río (UPR) unificaron el criterio que la desinformación, la celeridad y la falta de consenso popular en torno a la idea generan un sinnúmero de sinsabores.
“Los creadores no deben explicar el criterio artístico de las instalaciones, sin embargo, cuando el espacio es público debe ser respetado; debe comunicar desde el punto de vista estético a todos, no solo a un segmento reducido de la sociedad. En este caso las estructuras son elementales, lineales y carecen de un concepto que logre unificar la identidad pinareña”, dijo Elizabeth Colombé Frías, profesora del Departamento de Comunicación.
Ana Teresa Zubizarreta, asesora del rector de la UPR, agregó que un programa tan serio no debe tomarse a la ligera emplazando piezas provisionales como es el caso de la Pájara Pinta.
Por su parte la especialista en Comunicación Social Hany Pérez Bruno acotó la necesidad de definir la verdadera identidad pinareña en las piezas, como resultado de un complejo proceso de análisis cultural, social e histórico.
Punto y aparte para el arado de Fidias
El arado americano resulta la más controversial de la muestra. No solo es la pieza que encabeza este complejo de esculturas, también se ubica en el campus universitario y su simbología tanto ideológica como cultural preocupa a profesores y alumnos.
“El lugar más inteligente de la ciudad, donde se forma el presente y el futuro, tiene hoy como símbolo un arado americano compitiendo con el carácter revolucionario e histórico del monumento a los Hermanos Saiz”, comentó Luis Figueroa Pagés, profesor de la UPR.
“No fuimos consultados para ubicar esa escultura ahí. Contradice nuestra ética y los conceptos políticos ideológicos que enseñamos en las aulas” agregó Figueroa.
Por su parte, Yoan Lorenzo, director del Consejo Provincial de Artes Plásticas, enfatizó que el concepto defendido por el proyecto Fidias, autor del arado era totalmente opuesto.
“La herramienta de trabajo indica el sacrificio, la labranza, la siembra de nuevos cultivos y debía ubicarse frente al docente universitario pues aquí también se siembran conocimientos e ideas.”, añadió.
Juan Carlos Rodríguez Díaz, profesor de la UPR e historiador de la cuidad, insistió en que se debe llegar a un consenso con la población sobre el emplazamiento de las obras: “como parte de la comisión que aprobó las estructuras, defiendo la idea de hacer audiencias públicas para conocer el estado de opinión del pueblo y oportunamente cambiar, teniendo en cuenta que desde el Coloquio Pinar 88, en la provincia no se instalaban esculturas en espacios icónicos.”
La enseñanza es que la identidad de un pueblo no es un rompecabezas que se arma al azar, cada pieza debe encajar armoniosamente.
Más allá del destino del proyecto, aun incierto, debemos recordar que las ciudades son espejos de los hombres; son reflejo de su inteligencia, pensamiento y cultura.



