Por: Daymaris Martínez Rubio, investigadora social, miembro de UHDEL
El vínculo entre educación superior y desarrollo local en Cuba ha alcanzado un punto inédito, pero sus principales obstáculos siguen ahí: parcelación y resistencia, resume Jorge Núñez Jover, en un diálogo breve sobre tendencias y hechos que van haciendo de 2019, un año intenso y también simbólico.
Hoy, más que nunca, el coordinador académico de las redes de Gestión Universitaria del Conocimiento y la Innovación para el Desarrollo (GUCID) y Desarrollo Local de la Universidad de La Habana (UHDEL), cree en el poder de las sinergias. Y anda imparable, inspirado, optimista…, tejiendo y tejiéndose en la urdimbre de un país.
Le animan par de certezas: “una, el desarrollo local va ocupando un lugar central en la agenda de Cuba, tal como lo consagra la nueva Constitución; dos, el potencial de la educación superior para fertilizarlo e impulsarlo es enorme”.
Treinta años atrás, la realidad era otra –precisa–, mientras hace notar cómo cambian los signos: “si bien, por mucho tiempo, el énfasis estuvo en un modelo económico y social predominantemente centralista y vertical en cuanto a recursos y decisiones; en la última década, la tendencia a la descentralización significa un punto de giro”.
Desde abril, añade, esa tendencia es apuntalada por un hecho que él mismo no duda en calificar de “histórico”: el respaldo del presidente Miguel Díaz-Canel al desarrollo local, durante su intercambio con la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente del Parlamento.
¿Por qué le parece un hecho disruptivo?, ¿cuál es su significado y novedad?
Primero, el debate de esa comisión fue convocado a partir de un informe que elaboró el Ministerio de Educación Superior (MES) a un pedido de la Asamblea Nacional del Poder Popular; lo cual puede interpretarse como un reconocimiento a la labor de décadas desplegada por el conjunto de instituciones, personas y redes que, desde el MES (aunque, en colaboración con muchos otros actores sociales), han colocado este tema en la agenda de discusión en Cuba.
Durante su intervención, Díaz-Canel dedicó tiempo a explicar cuidadosamente la concepción de desarrollo local que suscribe: un modelo integral, sostenible, que incorpora variables económicas, pero también, con mucha fuerza, sociales, medioambientales, institucionales, normativas…; es decir, la suma de todas ellas y no cada una por separado.
Como concepción no es novedosa; pero lo inédito, al menos desde mi visión, es ese pronunciamiento, hecho a ese nivel, y el tipo de mensaje que contiene –no solo para quienes estamos sensibilizados con el tema, sino para aquellos que no siempre comprenden el desarrollo local–. Porque sí, hay resistencias. De ahí el valor de las buenas experiencias y la razón por la que hay que diseminarlas.
La experiencia de Los Palacios, en Pinar del Río, se consolida como uno de esos referentes. ¿Cuál fue el propósito de UHDEL en su reciente visita a ese territorio?
A Los Palacios fuimos a aprender, porque lo que ha venido ocurriendo allí es sumamente importante. La labor de su sede universitaria en el acompañamiento al trabajo del gobierno y el empoderamiento de emprendimientos productivos es verdaderamente ejemplar. Y, también, una muestra de algo que el propio Díaz-Canel subrayaba en su mensaje: el desarrollo local no es un tema de la educación superior, sino de todos; pero, muy especialmente, de los gobiernos, que tienen un aliado importante en la educación superior.
Insisto: la educación superior. Porque es algo más que la universidad situada en las cabeceras provinciales o las sedes universitarias municipales. La educación superior incluye los centros de investigación, las unidades de ciencia y tecnología y las redes de trabajo.
¿Por qué la alianza con la educación superior puede ser ventajosa para las lógicas territoriales?
Lo primero es que el desarrollo local es un asunto de seres humanos preparados; por tanto, no sería posible sin capacidades de conocimiento. Y esas capacidades de conocimiento hay que gestionarlas y multiplicarlas. La Universidad de Pinar del Río, junto a sus centros de investigación, sedes municipales y redes, es un gran referente en ese sentido.
La experiencia de Los Palacios, por ejemplo, demuestra cómo el desarrollo local es un proceso multinivel, que implica desde lo local hasta lo global; y cómo tiene que ver con flujos de comunicación, que son como ascensores que suben y bajan. Esa perspectiva del desarrollo local permite comprender un asunto que es multiactoral, de interrelaciones, de encuentros para avanzar en estrategias sobre la base de la unidad y el esfuerzo colectivo.
La educación superior puede ser una buena aliada, en la medida en que ayude a comprender esos procesos para una mejor gestión de políticas y estrategias territoriales, que requieren de diagnóstico, participación social, capacitación, economía social, innovación, informatización… Todos esos conceptos están en el mensaje presidencial al Parlamento.
Se trata, por tanto, de gestión territorial, que es lo opuesto a la visión exclusivamente sectorial todavía instalada en el imaginario de algunas instituciones en el país. Desde lo territorial se hace más evidente la necesidad de avanzar en los procesos de formación. Porque, contrario a la percepción de quienes sobreestiman las capacidades con que contamos, la realidad es que, en no pocos territorios, nos está faltando fuerza calificada para muchas cosas.

Miembros de la Red UHDEL junto a representantes de los sectores educacional y agrícola de Los Palacios, municipio del sureste de Pinar del Río, durante un reciente intercambio de experiencias
¿Qué significa fallar en la gestión del potencial humano?
Un enorme problema, para cuya solución necesitamos mejores estrategias. Por eso, hablo de la necesidad de una Política del Conocimiento –que no solo de Ciencia, Tecnología e Innovación, la cual puede conducir a pensar que el desarrollo es un asunto de licenciados, masters, doctores o ingenieros–. ¡No!: también necesitamos técnicos medios, campesinos y toda una sociedad capacitada. Necesitamos educación continua para todos, toda la vida.
Porque cualquier fragilidad en el sistema de educación básico es un hueco en las estrategias de desarrollo. Por eso, se requiere de una Política del Conocimiento que, entre otras cuestiones, abarque desde la formación científica del más alto nivel, hasta la formación de maestros en niveles básicos, pasando por la transformación de la escuela primaria.
Una pieza clave en esa política es un sistema de gestión del potencial humano territorial, con el cual no contamos. Esos desafíos nos colocan frente a un cambio cultural que enfrenta resistencias, porque involucra a actores territoriales, pero también a otros niveles, cada uno con enfoques particulares sobre temas comunes, pero sometidos a fuertes disputas de sentidos.

