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Psico-ayuda

Mensaje a las Familias. Proyecto Psico-Ayuda en tiempos de COVID-19

Por MSc. Leidy León Veloz. Psicóloga. Profesora en la Universidad de Pinar del Río «Hermanos Saíz Montes de Oca»

Con respeto y gratitud de tener la oportunidad, les envío este mensaje a Las Familias Cubanas, especialmente a las Familias Pinareñas. Me han convocado a escribirles para contribuir al bienestar psicológico en estos difíciles tiempos de COVID-19. Qué les puedo aportar siendo tan diversas las familias en sus composiciones, en sus condiciones socioeconómicas, sus espacios habitacionales…Pero como se trata de acompañar, de abrazar en la distancia, de ir juntos por este reto que nos han impuesto y hay una comunidad en toda la diversidad: somos Familias Cubanas, me animo a compartirles algunas ideas para la reflexión:
Las familias tienen el protagonismo de cuidar a los suyos, ahora en una emergencia mundial. El llamado es “Quédate en casa”, es decir, quédate con tu familia, en tu barrio, en tu comunidad, porque esa es la única manera posible de salvarnos. Al punto que no es solo una petición, no queda ya a nuestra sensibilidad, sino que es, una obligación ciudadana. Entonces, cómo nos quedamos en casa, en qué condiciones. Complejo sin dudas, porque tenemos que garantizar lo básico y no lo tenemos diseñado para adquirirlo desde casa, pero mi recomendación es, sea cual fuera sus condiciones, priorice la vida pensando en los otros. Las Familias Cubanas son resilientes, quiere decir, han aprendido a llevar adelante la vida adaptándose a las circunstancias y generando alternativas permanentemente. Son tiempos de imponer la decisión de preservar la vida, de respetar el aislamiento social y eso implica consumir materialmente lo indispensable: medicamentos, comida para sobrevivir y aseo para prevenir el virus. Por qué, porque todos y todas necesitamos cuidar a los otros y esa es la única manera. Tenemos que compartir recursos y cuidar a los más vulnerables, abuelos, abuelas, niños, niñas, personas con discapacidades. Teniendo por dicha el respaldo de nuestro Gobierno Cubano. Las familias cubanas son cuidadoras por excelencia, es parte de nuestra cultura y nuestra identidad. Hay un término que lo tomo de una amiga latinoamericana que explica esta idea “seamos cuidadanos”. Seamos ciudadanos que cuidamos, que nos importa nuestra familia, y las otras, así nuestra comunidad, nuestro país y el mundo. Si cuidar implica pensar en el otro y por tanto para ello debo cuidarme, está resuelto. Y cuando hablo de que la familia cuida, es que cuida a los suyos convirtiendo esa forma de existencia en valor y eso garantiza que nuestros hijos e hijas se eduquen en ese valor ciudadano. Es hora de valorar el trabajo doméstico ejercido históricamente por las mujeres, como un trabajo esencial para la existencia que es responsabilidad de todos. Usted incluso puede tener los recursos mínimos garantizados, pero se trata ahora de cómo me quedo en casa siendo un hogar, pensando en que ningún miembro se sobrecargue, compartiendo las tareas, elaborando los alimentos, distribuyéndolos, garantizando la higiene, quién realiza ese trabajo. Puede ser una lección esta convivencia y un espacio de reflexión en la familia de como se ha venido haciendo y como queremos justamente que se haga para mujeres y hombres.
Es un momento para educar en familia y retomo la idea anterior de educar en el valor de cuidar. Se trata de un tiempo que quedará en nuestra historia común, la manera que lo construyamos se convertirá en la forma de enfrentar las crisis y los momentos difíciles, pero no solo desde lo personal, sino desde lo familiar y social. No podemos pedir que la convivencia en estos tiempos sea un paraíso, ni que reine la alegría todo el tiempo, pero cada conflicto, cada desacuerdo, puede ser tomado como un aprendizaje para respetarnos en nuestras diferencias y para amarnos. Los niños y las niñas respiran ese ambiente, aprenden fácilmente, vivimos un momento especial e inevitable para que aprendan a ser familias que cuidan.
Para esa transmisión de experiencias, de formas de hacer, de vivir la historia familiar como tesoro, en estos tiempos los adultos y adultas mayores son los aliados, son los miembros de la familia que tienen un saber de crisis anteriores, que tienen en estos momentos que permanecer sin excepción en la familia, que no pueden salir de sus hogares, por lo tanto son ellos nuestros guardianes emocionales, nuestros orientadores, nuestra primera ayuda psicológica, cuidarlos es aislarlos del cuerpo del otro, pero no de su sabiduría. Ellos pueden estar ahora más activos que nunca y tienen una gran responsabilidad, a ellos les diría, háblenle a sus familias y a sus familias les diría escuchen a sus adultos y adultas mayores.
No olvidemos, para terminar que nuestra familia va más allá de las personas con que convivimos, las que están lejos físicamente, en otra casa, comunidad, municipio, provincia, país… encontremos cómo habitar las distancias, hablemos por cualquier vía posible, aprovechemos la tecnología, los libros, el arte, las distancias físicas no necesariamente son subjetivas. Si compartimos un recuerdo, si lo pensamos, si disfrutamos una foto, si podemos mirar a la luna o imaginarla, ahí podemos estar conectados en el mismo tiempo con el otro. Aprender a hablar… Decía Jacques Lacan, medico psicoanalista, “está claro entonces que es hablando como se hace el amor”. Yo le pediría permiso excepcional y les diría “está claro entonces que es hablando (en familia) como se hace el amor”.

Acerca del autor

Departamento de Comunicación Institucional

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