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Cultura Entrevista UPR

El verdadero arte de Thailín

Por Glendy Hernández Arozarena

No la conozco, a pesar de llevar dos años compartiendo el mismo entorno laboral.

Llegué a Thailín González Pacheco por terceros y de manera virtual, con el interés periodístico de ahondar en la participación de la Universidad de Pinar del Río en la sexta edición del concurso Escaramujo, un espacio orientado a visibilizar el quehacer artístico de los instructores de arte y de sus talleres de creación, en el que nuestra comunidad universitaria tiene una tradición de participación y premios.

Me pidió amablemente que la llamara, tenía mucha información que ofrecerme y vía whatsapp era complicado.

Desde que comenzamos a hablar supe que iba a ser una entrevista diferente: dio preámbulos largos, hubo silencios repetidos, me hacía énfasis a ratos en detalles que no podían faltar y de pronto- discúlpame por tanta locura, es que no quiero que se me queme el pollo-.

Dos horas de conversación. Escaramujo. Sus alumnos. Los teras de información perdidos por la rotura de discos duros. Su vida y la mía. El amor por el arte y aun mayor por su abuelita. Lamenté no conocerla en persona, maldije una vez más al virus que nos ha quitado el provechoso contacto persona a persona.

Sospeché que escribiría algo más que una nota informativa sobre el concurso. Quería que otros, que tampoco la conocían, pudiesen mirar a sus días, a su trabajo, a sus maravillas y miserias, a quién es y qué hace y por qué deberían querer conocerla.

Thailín de todos los días

Le pedí algunas fotos. Físicamente puede pasar desapercibida. Su rostro es igual a un montón de rostros que te cruzas dia a dia. No es una persona alta, ni de rasgos exagerados.

Lo que la hace especial es su rutina alocada, su siempre hacer, sus deshorarios donde prioriza el arte y todo lo que llena el alma.

“Siempre tengo algún proyecto en mente, no descanso. Tanto de manera individual como con mis estudiantes del taller de creación de la Facultad de Cultura Física Nancy Uranga estoy involucrada en un constante proceso creativo.

Esta vez Escaramujo es el centro de mi quehacer. Presentamos cinco obras al concurso, una propia y el resto de estudiantes.

Fue un proceso riguroso de selección y curaduría en medio de una pandemia que nos quitó el contacto directo con los estudiantes y con otros instructores de arte, pero es otro reto que con gusto asumí con el afán de potenciar el intercambio artístico; para visibilizar el quehacer de estudiantes y profesores desde la Universidad; además de mantener la activa participación en este tipo de eventos y el compromiso con la labor artística de nuestra institución y de la Provincia.”

Escucharla hablar de las cosas que adora exalta, contagia, inspira.

“Me entusiasma lo que hago. He incursionado en todas las manifestaciones artísticas- excepto la danza-, pero la plástica es mi oxígeno. En estos seis años en la UPR enseñar arte, más allá de las técnicas o herramientas, es un proceso de crecimiento. Ayudas, acompañas y guías aptitudes. Es un trabajo constante de motivación y de amor en medio de una carga docente e investigativa.

La principal lección que doy a mis alumnos es que se apasionen tanto para que no vean la creación como la espera de un premio sino como un periodo que transita como la vida; donde creces, evolucionas, caes, pero siempre hay motivos para levantarse y seguir adelante.

En cada taller doy parte de mí, de mi propia visión del mundo. Trato de que mi obra inspire a mis muchachos y los reto a que se superen. Siempre pueden aspirar a más en un mundo donde el arte no deja de fluir.”

Es intranquila, como persona que tiene mucho para compartir. Hila un tema con otro. Habla de pasado, presente y futuro con la misma intensidad o nostalgia. El camino no ha sido fácil, pero se sabe empoderada, consciente de lo que quiere y orgullosa de lo que ha logrado; también agradecida con las mujeres en su vida que han hecho posible la concreción de todos sus sueños.

“Ser profesora y artista visual ha sido un reto. Pero el camino ha sido bonito y siempre con apoyo.

Lo más gratificante es ver cómo, poco a poco, he logrado todo lo que me he propuesto: presencia en muestras nacionales e internacionales, visibilidad y reconocimiento de la Universidad en eventos y concursos que potencian la formación artística y numerosos reconocimientos.”

El tiempo para lo personal es escaso, pero mi familia(mi abuelita, mis tías y mi mamá que siempre me acompaña de manera espiritual) consiente, apoya, ilumina y siempre marcha a mi lado.”

Resulta ser bondadosa. Lo que no se comparte no crece- me dice-, por eso su arte dejó de ser suyo para convertirse en algo que resurge en cada taller de creación cuando acompaña a sus alumnos y los enseña a mirar el mundo a través de sus ojos, a plasmar en el lienzo o captar con el lente una realidad única.

Quizá tiene defectos, manías. Solo sabe bailar merengue y no encuentra casi nada en su desordenado ordenador. Pero entre tanta luz que irradia no tengo espacio para preguntar por sus sombras.

Sé por sus fotos, siempre rodeada de sonrisas y amigos, que no puede ser mala persona. Está siempre de pie, guiando, enseñando, siendo el pilar de alguien.

Tiene un aire despreocupado; ojos llenos de libertad cual bestia salvaje; no parece anclarse a estándares, estereotipos, reglas cuadriculadas; sin embargo, hay cierta armonía en sus poses, un equilibrio tenue, una personalidad contundente. El verdadero arte de Thailín es hacer lo mismo que otros sin repetirse.

Acerca del autor

Departamento de Comunicación Institucional

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