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Comentario Efemérides UPR

Soy martiano

Escrito por dcom

Por MSc. José Madera Medina. Profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Pinar del Río.

“Soy martiano” es un homenaje a José Julián Martí Pérez (1853-1895) en el 169 aniversario de su nacimiento y por el inicio de la jornada por el 170 aniversario de su natalicio (1853-2023).

«Soy martiano» no es un eslogan, ni una propaganda, y tampoco una frase hueca. Ella nace de lo más profundo. Es una convicción y un compromiso conmigo mismo y con el apóstol de la independencia de Cuba, que además, por los insuperables méritos alcanzados, es su Héroe Nacional.

Soy martiano, y no es porque nací como él un 28 de enero, exactamente un año después, y en el año exacto también del centenario de su natalicio, el 28 de enero de 1953. De esa fecha y de él como legado obtuve el nombre de José, el cual llevo con el mayor orgullo desde entonces, y no fue o provino del católico santo San José como era costumbre poner nombres por los padres a sus hijos, pues tampoco se correspondía con el santoral del calendario. Mi nombre, lo repito con orgullo, me lo dio otro “Santo” más real, visible y constantemente palpable, “San” José Martí, en el que creo y sigo cual fiel discípulo. Otras veces he dicho que «soy martiano desde que nací, porque mis padres me hicieron así, desde que vi de las manos a Fidel y a Martí”. Ello, aunque parezca poético, es real, por la fecha de mi nacimiento, el nombre dado por mis padres y padrinos de bautizo, y por la educación patriótica y cívica recibida.

En 1953 cuando nací, Cuba y el pueblo cubano sufrían de atraso, miseria, olvido, falta de democracia, inconstitucionalidad y una dictadura militar que por la fuerza de la represión pretendía garantizar la paz en el país: la paz sí, pero la paz de los sepulcros para el pueblo y sus rebeldes hijos. ¿Y Martí, sus ideas, su pensamiento, su ética, su ejemplo, su visión y ejemplo de luchador por la verdadera independencia de Cuba, por la justicia social, la democracia, su antimperialismo y latinoamericanismo, dónde estaban?

El Martí que nos proponía la política oficial regenteada por la oligarquía, más allá de su innegable apostolado y de ser el Héroe Nacional de Cuba, se pretendía pintar y hacerlo ver, solo como un gran poeta, un romántico y hasta gran enamorado. Como enamorado, era si un gran enamorado, convencía con bellas palabras acompañado de ética, moral de la más justa y ejemplificadoras. Gran adorador y defensor de todo lo justo y bello de la naturaleza y el universo. Convencía nunca imponía sus ideas, ni engañaba, sin que se pueda pensar que fuera un Santo. Amó profundamente a su familia y a su patria, sufrió por ello y por ellas. Sintió amor, sufrió con él y por él, y lo supo hacer hasta el final de sus días, y no solo lo fue por sus seres queridos o amados a los que siempre mostró el cariño de un sincero enamorado, así lo hizo y demostró en grandes escritos y cartas que son insuperables muestras de amistad, ¿y qué es la amistad sino una gran muestra de amor?

Ese hombre que cultivó la rosa blanca para el amigo sincero, me enseñó con sus escritos, sus pensamientos, sus ideas, ejemplo y ética, a ser lo que soy, y a estar convencido de que: Soy martiano, y de que siempre lo seré, hasta el final de mis días. Ese es el Martí que admiro, al que estudio, y en el que busco y encuentro respuestas y hasta consuelos; tanto es los bellos textos de sus escritos, como en el espíritu de los mismos, donde siempre hay cosas nuevas que encontrar y aprender. “Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo su fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!”.

Así se expresó en el juicio del Moncada y en La historia me absolverá, Fidel Castro Ruz. En dicha obra, de principio a fin está presente, en letra, o en espíritu el pensamiento y la obra de José Martí. Allí está él y la esencia de su obra y de la Revolución que se proyectaba y que inició la Generación del Centenario del natalicio de José Martí, el 26 de julio de 1953, con Fidel Castro, su más fiel discípulo, interprete y seguidor al frente. Ya desde el 27 de enero de 1953 se había iniciado en Cuba el Desfile de las Antorchas desarrollado por la Generación del Centenario, acto de singular muestra desagravio y homenaje al Apóstol, “para no dejarlo morir en su centenario”. Este acto se fue convirtiendo en tradición acción popular, desde entonces hasta nuestros días, demostrando que Martí no murió, que sigue vivo en su pueblo rebelde y martiano.

Soy martiano, con la vida lo aprendí, por todo lo que de él he leído y leo. Desde que leí la revista “La Edad de Oro”. Con ella me hice su amigo, porque él quería que “todos los niños fueran felices” y dio instrumentos de conocimientos para ello. Porque manifestó que, “si alguna vez nos encuentra un niño América por el mundo, nos apriete mucho la mano, como un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga;¡Este amigo de LA EDAD DE ORO fue mi amigo!. Cada vez soy más martiano .

Al conocer y ahondar en la vida y la obra de Martí, primero en las semblanzas y distintas biografías sobre el realizadas, tales como: “José Martí, semblanza y cronología mínima” del dúo autoral de Roberto Fernández Retamar-Ibrahin Hidalgo Paz , la biografía , “Martí, el Apóstol” del autor Jorge Mañach, y Cesto de Llamas, Biografía de José Martí ,del autor Luis Toledo Sande , así como la también excelente obra biográfica -testimonial de Blanche Zacharie de Baralt, “El Martí que conocí”. Además, me ha aportado mucho la lectura de una obra singular, el texto poco conocido o divulgado de los autores dialogantes: el japonés, Daysaku Ikeda y el cubano, Cintio Vitier, “Diálogo sobre José Martí el Apóstol de Cuba”, (Edición Especial del CEM,2001).

Muy importante también para mí, en la guía para la iniciación, búsqueda y profundización de la vida y la obra del Apóstol, han sido las consultas de las obras: “Diccionario del pensamiento martiano” del autor Ramiro Valdés Galarraga (2002) y la obra: “José Martí, aforismos martianos” del autor Jorge Sergio Batlle Blanco (2006). Ellas con su carácter informativo- ilustrativo con fragmentos de la obra martiana como fuentes secundarias, me han permitido llegar de forma rápida a las fuentes documentales primarias recogidas en sus Obras Completas. Todo ello ha sido y siguen siendo fuentes de mis conocimientos y convicciones martianas, para ser lo que soy, un martiano, que le debo a Martí gran pare de lo que soy como persona, como ciudadano, como profesional, pues con sus enseñanzas, “me hice maestro, que es hacerme un creador”, como el mismo lo dijo en Guatemala, donde se hizo maestro, y a su bien decir, “un creador”.

En cerca de 50 años de labor como educador y como docente, y 39 de profesor universitario, además del enseñar al Martí pensante y actuante de nuestra Historia pasada y presente con la enseñanza de la Historia de Cuba, he impartido cursos universitarios sobre la vida y la obra de José Martí, y muy especial y más motivante aun cursos o programas escolares de Ética e Ideario Martiano, lo que me ha exigido formación y profundización en su vida y su obra. En función de ello, pero sobre todo por motivación e interés individual de conocer a profundidad sobre “el más genial y universal de los cubanos”, he ido a sus Obras Completas, a las que hay que ir constantemente para comprenderlo mejor, divulgarlo más entre los jóvenes y la sociedad en general y para poder defenderlo frente a cualquier tipo de detractor.

Aunque hay una innegable e irrefutable verdad, José Martí no tiene necesidad de que lo defiendan, él se defiende solo. Su vida, su obra, su pensamiento y su actuación lo defienden de forma innegable frente a los que mal lo interpretan, en los diversos niveles de subjetividad. Los que lo adversan, lo deben admirar por su grandeza, por su ejemplo de ética, por su legado, y esto sería de forma consciente, si profundizan en su obra escrita compilada y lo hicieran “buceando” en lo más profundo de su pensamiento y de su acción, pues como el mismo dijera y predicó con el ejemplo: “La mejor manera de decir es hacer”. Evocó la guerra y estuvo y murió en ella. “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida,” dijo. Así pensó y lo predicó con el ejemplo personal; consciente de que lo que expresa una estrofa el himno patrio de que “morir por la patria es vivir”. Por eso y por toda la grandeza de su obra, por su accionar patriótico, como hombre justo, sencillo, honrado y honesto que fue, y porque echó su suerte con los pobres de la tierra con los que siempre estuvo y por los murió en 1895.

En fin, por todo su inmenso ejemplo y magisterio, por todo lo grande y bueno del Martí que llevo dentro, es que con respeto reitero la expresión con la que me honro nombrar este homenaje a José Martí en el 169 aniversario de su natalicio: Soy martiano; y no es porque la casualidad quiso y me honra también, de haber nacido el 28 de enero de 1953, cuando se cumplía el centenario su natalicio. Gracias Maestro, por permitirme esa casualidad y porque pueda expresar con mucha admiración y respeto hacia usted que, SOY MARTIANO.

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