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Comentario Cultura UPR

Sobre la Lengua Escrita (+Infografía)

Sobre la Lengua Escrita
Escrito por dcom

Por MSc. Luis Pérez González, miembro de la UNEAC

Cierto es que cuando hablamos de la expresión escrita automáticamente pensamos en la ortografía y la redacción. La primera porque innegablemente constituye la carta de presentación de una persona en cuanto a nivel de instrucción y de cultura, y la segunda porque  viene a ser como el reflejo secuencial del pensamiento. Pero no podemos conformarnos con el estudio y dominio de estos dos componentes que, sin dudas, son básicos.

En estas líneas intentamos al menos abordar la tipología de los textos escritos, llámense mejor, estilos funcionales y nos parece también importante tratar lo referido a la comprensión textual, tan imprescindible para que el acto de la lectura pueda considerarse como verdaderamente inteligente.

La estilística funcional ha sido una temática en la que el enfoque diverso se nos muestra como una constante. Sin embargo, por consenso, según la bibliografía consultada, debemos distinguir y saber construir textos coloquiales, oficiales, publicitarios, científicos y artísticos, a sabiendas de que en cada caso no podemos evadir la existencia de subestilos. En este entramado se aprecian semejanzas y contrastes muy interesantes.

El estilo coloquial se caracteriza por su espontaneidad y contacto directo, así como por el carácter irreversible y el predominio de valoraciones subjetivas, junto a una típica expresividad y emocionalidad.

El estilo científico tiene como invariantes la impersonalidad, la objetividad y la exactitud. El discurso se hace muy lógico, concreto y abstracto a la vez. De cierta manera comparte estos rasgos con el oficial, que lleva el sello de la precisión, de lo estandarizado y arcaico.

El estilo publicista se distingue por el carácter colectivo y se trabaja mucho con el convencimiento y la persuasión.

Finalmente, el estilo artístico es muy subjetivo y connotativo. En este es casi imposible fijar o establecer regularidades: la posibilidad de “violar” constituye su cimiento. Su naturaleza histórica explica la variabilidad que le acompaña. El lenguaje figurado o tropológico lo fertiliza de manera incomparable.

El común denominador de todos estos estilos radica en el hecho de que responden, a la hora de su elaboración, a los tres momentos básicos de la escritura como proceso: la planificación, la textualización y la revisión, los cuales, según el modelo de Hayes y Flower, están constituidos por subprocesos, entendidos sin rigidez ni esquematismos de ninguna índole. El primero comprende la búsqueda de información, la selección de datos, la jerarquización de estos, así como la reflexión y análisis de cómo se van a insertar en el texto. En el segundo se deben mirar los condicionamientos y la distribución del contenido en párrafos, conectores, mecanismos cohesivos y otros. Y en el tercero se verifica el resultado obtenido, es decir, se comprueba la calidad del trabajo realizado, siempre inculcando el afán de perfeccionamiento, el deseo de mejorar la propia obra como medio eficaz de superación. Lo anterior desemboca casi siempre en la reconstrucción o reescritura parcial o total.

Una labor escolar marcada por la superficialidad en la aplicación de estos procedimientos en el tratamiento de la expresión escrita trae aparejado como consecuencia un déficit en las habilidades y competencias de generaciones enteras de estudiantes.

Asimismo, es muy recomendable que se realice una bien pensada ejercitación con ideas centrales de párrafos, tanto explícitas como implícitas, combinada con la heterogeneidad de formas elocutivas (descripciones, narraciones, diálogos y exposiciones).

Tampoco en la labor didáctica y pedagógica del español pueden obviarse los niveles de comprensión que se deben tomar en cuenta para no “violentar” el aprendizaje. “Quemar etapas” es fatal. Los saltos en el ejercicio de la docencia conducen al fracaso escolar. Por tal razón, se deberán concebir actividades que propicien el tránsito gradual por los tres niveles: el de traducción, que responde a la interrogante “¿Qué dice el texto?”, el de interpretación “¿Qué implica lo que dice?” y el de extrapolación “¿Cuánto valor y vigencia tiene el mensaje cuando nos trasladamos a otros escenarios?”.

Como se ha constatado la expresión escrita es un plano del lenguaje en el que interactúan muchas exigencias. La escuela debe asumirlas e intervenir para su vencimiento.

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VREURI

1 Comentario

  • Agradecimientos infinitos al filólogo, especialista de la lengua y por siempre nuestro estimado profesor Luis Pérez, por sus reflexiones acerca de aspectos significativos del idioma español que constituyen el merecido homenaje a uno de los elementos identitarios que debemos engalanar desde las expresiones comunicativas orales, escritas, visuales y gestuales. Vuelvo a una de sus ideas en este escrito, para comentar, tomando como referente, mi experiencia en las aulas como docente de Español-Literatura, la participación como miembro de los tribunales de calificación de exámenes de ingreso a la Educación Superior y en las vivencias que he tenido en intercambios académicos con otros docentes de la especialidad.
    «Una labor escolar marcada por la superficialidad en la aplicación de estos procedimientos en el tratamiento de la expresión escrita trae aparejado como consecuencia un déficit en las habilidades y competencias de generaciones enteras de estudiantes».
    Triste realidad que se manifiesta en todas las enseñanzas y a la que no podemos omitir las graves consecuencias que trae en los procesos de formación posgraduada: especialistas con graves errores de expresión escrita, manifestados en la demostración de sus competencias científicas, no solo en la redacción de artículos científicos (cuerpo de textos), sino también en trabajos escritos que se entregan como parte de gestiones profesionales, y hasta en la ayuda que ofrecen a sus hijos en las tareas escolares.
    La labor de educar hacia una comunicación escrita eficiente requiere diagnosticar finamente las carencias y un trabajo sistemático, perspicaz y eficiente, de cada usuario de la lengua que tenemos en las manos.No lo veamos como un trabajo engorroso ni cansón. Pensemos que enseñando, aprendemos y nos convertimos en gestores de los procesos sociales importantes y humanistas. Educar se convierte en una obra de infinito amor, si mal se ejecuta, peor se recibe.
    Sirvan estas reflexiones para crecer en el oficio diario de ganarnos con dignidad, el pan nuestro de cada día.
    Un placer.
    Bárbara

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