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Comentario Cultura

De Guillén, un monumental poema

De Guillén, un monumental poema
Escrito por dcom

Por MSc. Luis Pérez González, miembro de la UNEAC

El mes de julio siempre se nos presenta como una ocasión propicia que nos permite honrar de manera especial a nuestro Poeta Nacional Nicolás Guillén, pues dos fechas marcan respectivamente el nacimiento y la muerte de este grande de las letras hispanas. Me refiero al 10 y el 16.

En este año se ha puesto un énfasis particular al aniversario 70 de la primera edición de su Elegía a Jesús Menéndez, monumental poema de su fecunda producción literaria, lo que constituye motivación más que suficiente para el que suscribe estas líneas y que se ha concretado en estas breves ideas que a continuación solo esbozo.

Más que en ninguna de sus elegías, en esta el autor logra volcar su dolor personal en el dolor de la clase trabajadora y de todo el pueblo cubano, en una obra de magistral factura sinfónica, donde se utilizan los más variados recursos artísticos posibles para expresar la intensidad del impacto recibido y de la indignación, la angustia y la rebeldía provocadas por el inmenso crimen. Las formas más diversas, desde el romance al son, desde el verso libre a la prosa poética, sirven a Guillén para que su mensaje alcance niveles genuinos de denuncia.

Esta elegía desborda los límites antillanos para convertirse en alto documento lírico hispanoamericano, porque el hecho, sin dudas, tiene significación y carácter de tragedia para todo el Continente. Y lo elegíaco está abordado de una manera muy peculiar, porque como afirma Ángel Augier: “la recorre una sangre que se resiste a la idea de la muerte”. Late con fuerza una afirmación de la vida, es decir, una nota de esperanza que, en definitiva, tiene mucho que ver con la certeza en la victoria de la Revolución.

“Fue largo el viaje y áspero el camino.

Creció un árbol con sangre de mi herida.

Canta desde él un pájaro a la vida.

La mañana se anuncia con un trino.”

Enraizado en su isla, con toda la savia de un pueblo de ininterrumpida tradición de lucha, este antológico poema -como toda su creación- se va abriendo hacia ámbitos de mayor amplitud: en tanto que cubano, es caribeño, americano y universal.

Desde el inicio de la composición se percibe una voz intensa capaz de expresar sorprendentes asociaciones a través del lenguaje tropológico o traslaticio. Esta personificación lo muestra elocuentemente:

“Las cañas iban y venían

Desesperadas, agitando

Las manos.”

La idea de la inmortalidad del líder azucarero deviene leitmotiv que se repite en varios momentos, sustentada en el valor del ejemplo heroico. Los siguientes versos lo demuestran incuestionablemente:

“Los grandes muertos son inmortales: no mueren nunca. Parece que se marchan; parece que se los llevan, que se pudren, que se deshacen. Pensamos que la última tierra que les llena la boca va a enmudecerlos para siempre. Pero la lengua se les hincha, les crece; la lengua se les abre como una semilla bárbara y expulsa un árbol gigantesco, un árbol duro, cargado de plumas y de nidos”.

Pero tal consideración queda sellada firmemente en el rotundo final:

“Nadie lo podrá matar.”

Se constata, pues, que lo vanguardista en Guillén deja una inconfundible marca sin alardes ni estridencias. Basta con apreciar la peculiar despreocupación formal, así como el desdén hacia la métrica y la rima, o esa naturalidad que raya en el prosaísmo. Lo importante era romper con el orden retórico establecido, abrir la brecha y encontrar nuevos caminos.

Gracias, Nicolás, por tu legado. Sabremos cuidarlo.

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