Por: Elizabeth Colombé Frías
Después de casi diez años de lucha contra el Imperio español cuentan las historias que la desmemoria casi convirtió en mitos que Guamá, un cacique taíno, fue asesinado por su hermano mientras dormía en alguna de las cuevas de la región oriental de Cuba.
De él diremos que su nombre significa señor o maestro, que entre 1522 y 1532 usó como estrategia los ataques por sorpresa y las retiradas rápidas contra los colonizadores, que solo empleó arcos, flechas e instrumentos de piedra y que una noche, mientras descansaba en la postura más vulnerable, encontró, de una sombra que sabía conocida, la muerte que sus dioses le habían presagiado.
Cuatro siglos después, en el otro extremo de la Isla, voces humanas evocaron su memoria en nuevas formas corpóreas: en 1975 el nombre de Guamá designó los juegos interfacultades de la Universidad de Pinar del Río «Hermanos Saíz Montes de Oca» como símbolo de contienda y mensaje de rebeldía.
Los primeros deportistas de la Universidad, al igual que el indio, no tenían una técnica depurada, ni dominaban a la perfección las reglas de cada justa, ni tenían la indumentaria más completa; pero sabían que resistir también era ganar.
En una foto del 75, año inaugural de la contienda deportiva, un joven calza su zapato en un pie raído por el cansancio para continuar el juego, pensativo y en una postura poco natural se alista para continuar el desafío exhibiendo las cicatrices de una batalla. Otros solo sostienen un trofeo, tal vez así lo hizo el cacique cuando agarró, por última vez, el arma que muchas veces afiló antes de darle muerte. En una tercera instantánea una muchedumbre llega a la meta en lo que pudiera ser el final de una maratón, parecen en silencio, jadeantes, separados por estrechos pasos de tiempo.
Todos comparten el mismo sudor de las camisetas y se confunden con la sombras de su destino que como la búsqueda de la libertad por Guamá siempre está más allá de donde llegan las fuerzas.