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Entrevista Vida Universitaria

Dirigir con un corazón de padre

Entrevista al Dr.C. Yorki Mayor Hernández, rector de la Universidad de Pinar del Río “Hermanos Saíz Montes de Oca”, padre de nueve mil hijos

Por Glendy Hernández Arozarena

El padre se levanta a las 5:30 am, con los ojos pesados por mal dormir preocupado por sus hijos. Toma su café habitual, se pregunta si sus muchachos descansaron.

El padre siempre está alerta. Termina por inercia la rutina de la mañana, su mente vuela; a veces es demasiado para él: la casa, sus problemas, los de su prole. Después corre al encuentro con sus muchos hijos.

No es padre solo de dos, a sus 54 años ha tenido alrededor de nueve mil hijos; no de sangre, pero sí de corazón, que se quieren igual.

El buen padre de esta historia se nombra Yorki Mayor Hernández, rector de la Universidad de Pinar del Río “Hermanos Saíz Montes de Oca” (UPR), para quien media vida ha servido para educarse en el arte de dar algo más que saberes a sus discípulos.

«Me gradué de Licenciatura en Lengua Inglesa en el Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río en 1988; allí ejercí durante cuatro años la especialidad. Después, en 1992, comencé en la UPR. Fui Vicedecano y  después Decano de la Facultad de Agronomía de Montaña en San Andrés.

Luego me trasladé a la sede principal como Vicerrector en el área de Administración y Servicios; también Relaciones Internacionales. Posterior a la graduación en el Colegio de Defensa y Seguridad Nacional fui Vicerrector, hasta que en el 2014 me designan como rector de la Universidad. La condición humana fue indispensable para llegar aquí, creo que sin eso no sería quien soy; hay que saber dirigir con corazón de padre».

En los seis años de desempeño en esta responsabilidad estar cerca de sus muchachos es lo principal.

«Los estudiantes ven al rector como una persona lejana y no quiero que sea así. Soy una persona sencilla, no me considero superior por mi condición de rector. Participo con los dirigentes estudiantiles en todos sus espacios de reunión,» cuenta.

«En nuestro sistema de trabajo hay visitas integrales, ahí converso con los alumnos, también utilizo espacios comunes como la beca, las aulas, el comedor para interactuar con ellos y saber cómo piensan.

Me gusta estar cerca, conocerlos. A mí no se me olvida que fui estudiante, activo en los deportes y la cultura, aunque no fui bueno en nada- sonríe-; llevo la impronta de un joven de esa edad.»

Un buen padre también aprende a entender, a crear lazos de confianza que lo unan a su descendencia, a aconsejar oportunamente para que errar no sea el único camino.

«Constantemente aprendo de ellos. Las generaciones cambian y a uno le toca nutrirse de todos, a la hora de aprender, de contextualizar, de entenderlos.

Me han enseñado la madurez y los valores que pueden tener a pesar de ser tan jóvenes. Por eso nunca deben subestimarlos. Y es un ambiente que me ha gustado generalizar en la Universidad, a fin de cuentas es una gran familia.»

Pero no todo, en la difícil tarea de la paternidad, es luz. A veces el padre-rector debe aleccionar, tomar medidas drásticas.

«La expulsión  de un estudiante del centro es una derrota- dice con pena-. Me ha tocado hablar con los padres y con los alumnos. Pienso en Roxana y Ronaldo, mis dos hijos de sangre, y les hablo con el corazón, como si fuesen ellos. Siempre hay un trabajo anterior a la expulsión, pero como en la vida real hay momentos en que todo falla.»

El mayor regalo para Yorki no es saberse directivo, ni conocer a Ministros. Tampoco codearse con el Presidente u ostentar los innumerables logros de su Universidad.

La satisfacción más grande radica en la sencillez de firmar los títulos, como prueba que ha cumplido  su labor como mentor de generaciones.

«La gratificación es ver que se gradúan, que transitan con éxito y se convierten en profesionales. Firmar un título universitario es dar a luz a un nuevo profesional. Significa que todo el empeño no ha sido en vano. Uno acompaña a los hijos, los guía, crecen, se superan y dan ese adiós irremediable.»

También sentirse querido por ellos:

«Los estudiantes me piden consejos, me tratan con respeto. Algunos angolanos por su propia cultura me dicen padre, eso es un orgullo. Pienso en mis hijos, en mi responsabilidad con ellos para guiarlos en la vida y eso mismo ofrezco a los estudiantes, a pesar de las exigencias que implica ser rector.»

La vida de Yorki Mayor Hernández ha cambiado mucho: no lee novelas como antes, ni puede practicar deportes con regularidad.

De vez en mes observa alguna película y disfruta, durante su única semana de vacaciones, la paz en su natal Sanguilý. Sabe que el deber de padre está latente.

Los buenos amigos también disfrutan de su compañia. Foto: cortesía del entrevistado

Cada septiembre, después del orgullo de ver volar a sus hijos adoptivos con alas propias, llegarán otros. Todo empezará de nuevo: el desvelo, la preocupación, los consejos…

Suena la alarma, son las 5:30 am. El padre repite su rutina de la mañana. Su mente vuela. ¿Cómo estarán sus hijos?

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Departamento de Comunicación Institucional

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